sábado, 24 de julio de 2021

Después de la alacena bajo la escalera

Hoy he visto la fotografía de un niño con cara de serio, sentado en su catre y mirando a la cámara a través de la puerta abierta de una habitación minúscula encajada en unos escalones. Es una fotografía mal tirada pero brilla con el encanto de las cosas ordinarias a las que les fue mejor de lo esperado. 

De Harry Potter se ha dicho mucho sin que haya podido explicarse aún la clave de un éxito que dura hasta hoy. Casi siempre se resume el argumento como un niño mago que vive en un castillo con otros niños magos y combate el mal con sus amigos. Eso me hace pensar que si aún no se ha explicado esa clave es porque siempre se lo encargan a personas que no entendieron nada. Y que además son perezosas. 

Quiero decir, ese mismo esquema se ha usado para miles de historias de las que nadie ha oído hablar. ¿Entonces? Entonces es que era su momento, pura casualidad, un golpe de suerte. Yo creo que la suerte existe y quien lo niega es que tiene mucha. Aún así, no se me ocurre respuesta más desidiosa para justificar ese fenómeno que un cúmulo de muy afortunadas coincidencias. 

Otros que profundizan algo más aprecian el peso que tienen en la historia valores como la amistad, la lealtad, el amor y la valentía. Es verdad que la saga reúne casi todas las materias primas que componen a las personas nobles pero si eso fuese suficiente para cautivar a tanto público no se entiende que en misa haya menos gente cada vez.

Las primeras páginas de un libro están hechas de la misma pasta que las primeras citas. Para que de cualquiera de las dos salga una historia sobre todo es necesario que haya conexión. Al fin y al cabo, de conexión y palabras bonitas están hechos todos los cuentos.

Porque solo se puede escribir de lo conocido es inevitable hacerlo siempre un poco sobre uno mismo. Por eso, cada vez que un escritor publica un libro se expone a que el lector rastree sus frases hasta encontrar parte de algo personal. Esa es la maldición de los autores exitosos, la de convertirse en personas siempre un poco desnudas.

En este caso, J. K. Rowling era una madre soltera en el umbral de la pobreza cuando emborronó un cuaderno con las palabras que le cambiarían la vida. Ahora esa vida incluye una armada de gente agradecida que de forma frecuente le repite el mensaje "tú me salvaste". Si uno presta atención, si no se deja distraer por la fantasía de la trama, la historia que queda de Harry Potter es la de un niño que lo tenía todo perdido hasta que también a él le llegaron sus propias palabras mágicas. 

Una persona contó en unos libros cómo un niño gris y encerrado en la alacena bajo la escalera salió de allí y encontró todas las cosas buenas que la vida ofrece a los afortunados. En el mundo hay millones de niños y adolescentes encerrados en su propia alacena que un día abrieron un libro y, porque su protagonista les dijo que había salida, aguantaron los años malos con la esperanza de una carta que lo cambiaría todo. No llegó, pero para entonces ya no hacía falta.

Ese es el secreto de su éxito. La gratitud por lo que llegó después de la alacena bajo la escalera.